Costumbres

Danza del Qamili

Danza del Qamili

La danza del Qamili es, junto con la danza del Wititi de la misma región, una de las expresiones culturales más características del cañón del Colca. Es, de hecho, una danza asociada a la primera siembra del período agrícola, entre los meses agosto y noviembre, tiempo que corresponde al fin de la estación seca y al inicio de las lluvias.

El nombre Qamili hace referencia al curandero aymara del altiplano, en su papel de mediador entre el mundo terrestre y el espiritual. Esta danza se representa a las zonas donde existen parcelas comunales, las llamadas «chacras de los santos», trabajadas según un sistema de cargos, y cuyos productos se dedican a compensar los gastos de las fiestas más importantes del calendario agrícola y católico regional.

La región del Colca ha estado históricamente dominada por las antiguas etnias de los collaguas y los cabanas, distinción que se expresa aún en rasgos como la vestimenta femenina, los ciclos festivos regionales, y un sentimiento de pertenencia a una u otra ascendencia. En este marco, la danza del Qamili se realiza en nueve distritos del valle del Coica: Chivay, Coporaque, Yanqui, Achoma, MacaIchupampa, Lari, Madrigal y Cabanaconde, distribución que corresponde a la ocupación de la antigua población collagua.

La población campesina de estos distritos sigue organizada en «ayllus», pertenecientes a una de dos mitades, llamadas Hanansaya y Urinsaya.

En los días previos a la danza del Qamili se hace un Tinkado o pago, en un hoyo cubierto con piedras y localizado, por lo general, en medio de la parcela, llamado caja.

El Tinkado consiste en levantar las piedras que cubren este hueco y depositar ofrendas, como sapos y figuras hechas con sebo de animal. En el sitio de Kantaya se hace, además, la quema de las iranias, ofrendas propias de esta región.

La danza del Qamili no es la representación de una actividad agrícola, sino que es un acto ritual que da inicio al trabajo de siembra, organizado bajo la dirección de un mayordomo.

Las comparsas de baile están conformadas por entre seis y doce parejas de bailarines, entre los que destaca una pareja principal que dirige a las demás, cuyos integrantes son llamados «San Isidro Labrador» y husk’aq mama o pachamama.

Las demás parejas están compuestas por los Qamili propiamente dichos, y su contraparte femenina, llamada Husk’aq Mama en Yanque, tushuti (la que baila) en Coporaque, y más comúnmente muju churaq (sembradora).

Los conjuntos que conforman el Qamili mantienen ciertas variaciones en los distritos en los que se representa. En Coporaque, el conjunto es encabezado por el personaje de San Isidro, vestido a la usanza del campesino español, y los grupos de varones y mujeres liderados respectivamente por el hatum tata Qamili y la hatum mama Qamili.

La variante de Cabanaconde tiene una connotación más humorística, con un Qamili disfrazado de mujer, el champí o representación de la autoridad local, y una comparsa integrada por la representación jocosa de los pobladores de las alturas, llamados cana y canchi.

En Ichupampa se encuentran tres personajes, los Qamili propiamente dichos, caracterizados como curanderos aymara del altiplano o layqa (término con el que se conoce a los hechiceros), que se distribuyen en dos filas de cinco bailarines cada una; la tusiri, quien acompaña a los amili y lleva los objetos rituales que usará éste, vistiendo igualmente a la usanza ‘antigua; y por último el ukumari, el oso humanizado, cuyas funciones son asegurar la siembra, sellando los surcos sembrados y limpiar las acequias para que pase el agua.

Los bailarines de la danza del Qamili siguen rítmicamente el proceso de siembra, al compás de la música y canción conocida como huaylillas. Los varones trabajan haciendo los hoyos con el arado de mano llamado taqlla, uysu o qufu, y las mujeres echan la semilla. Esta siembra la hacen las parejas en competencia del trabajo mejor hecho y con más rapidez. Terminada la siembra en los terrenos de los santos, el capitán de la pareja principal entona un qaylle, canción de exaltación cuya letra alude al patrón y a los mayordomos, y también a los visitantes notables, respondida por el conjunto con el grito de júbilo ¡qaylle!.

Luego de esta canción ritual, los participantes dan al mayordomo, administrador del terreno del santo patrón respectivo, una parte de las semillas, que se consideran bendecidas, para que sean entregadas a la población del distrito que lo esté celebrando, y sean sembradas en su momento.

Los Qamili y sus parejas exigen la rendición de cuentas al capitán, y éste a su esposa, la usk’aq mama o tushuti sobre los recursos, en especie y humanos, que se han empleado en la labor de siembra. Al día siguiente se hace el qampirakuy o curación, que es usk’aq mama o ushuti hecha por los integrantes del conjunto del Qamili al mayordomo, para «limpiarlo» los hechizos que hayan caído sobre él o su familia en el cumplimiento de su labor.

La ascendencia de esta manifestación cultural data de tiempos prehispánicos, lo que puede comprobarse en la descripción que hacen las crónicas del inicio ritual del período del aymoray en el calendario agrícola, donde el Inca y el alto sacerdocio inauguraban el período de siembra abriendo los primeros surcos.

En la danza del Qamili, el Inca ha sido sustituido por la representación de un layqa o brujo aymara, que asume el mismo papel de mediador con los dioses locales y celestiales y su conocimiento del manejo agrícola, de la misma manera que el sacerdocio de la época inca.

El nombre Qamili se refiere a los curanderos del altiplano como los encargados de iniciar el periodo agrícola, con lo que además se establece la relación que desde épocas inmemoriales han mantenido ambas regiones.

Del género del qaylli se habla ya en las crónicas del siglo XVI al describir las festividades del ciclo agrícola.

La influencia cristiana ha sido reinterpretada siguiendo un patrón cultural propio y las necesidades del ciclo agrícola, en el hecho de denominar de San Isidro Labrador al varón de la pareja dominante, emparejado además con la representación de una deidad andina, la Pachamama.

El catolicismo colonial refundó los centros poblados bajo la protección de un Santo o personaje del panteón cristiano, lo que tuvo una importante repercusión en el mundo andino en varios niveles. Al haber sustituido a los cultos locales prehispánicos, muchos de estos patrones asumieron los mismos atributos; mientras que algunos santos han tenido mayor repercusión al haber asumido el papel de algunas deidades panandinas, como ocurre con Santiago como protector del ganado y con San Isidro Labrador para presidir la actividad agrícola.

En el Qamili se reviste iconográficamente al layqa con los atributos del santo cristiano, operación que no es rara en la narrativa oral andina pero que no es frecuente en el marco público de las representaciones dancísticas.

Esto da un carácter particular a esta expresión andina dentro del rubro de las danzas, en comparación con el grueso de las danzas agrícolas y con las danzas que representan a personajes diversos.

Esta combinación de elementos de origen andino y europeo se expresa igualmente en la representación visual de esta danza. La vestimenta del Qamili es una versión de la vestimenta campesina hispanizada del siglo XVII, de calzón o pantalón corto, sombrero de copa alta con un penacho de plumas, más una alforja, y una liiclla atada a la cintura, la mujer en cambio viste a la manera tradicional collagua, que sigue vigente hoy en día.

Esta dualidad puede interpretarse como expresión de una correlación histórica entre la población local y un referente externo a ella, relación que data de antes del dominio Inca y se ha mantenido en la representación contemporánea.

El personaje masculino que da nombre a la danza es siempre un personaje de poder que inicia el ciclo agrícola, el Qamili o curandero aymara. Su papel en esta danza ritual es similar a la actividad que asumía, el soberano Inca al inicio del ciclo agrícola en los tiempos que precedieron a la conquista, y después de ésta, ha sido asociado al cristiano San Isidro Labrador.

Su contraparte femenina, llamada sembradora, asume en cambio los atributos de la población originaria de la región, luciendo la vestimenta tradicional collagua del cañón del Colca. Lo más importante, en algunos sitios la mujer de la pareja dominante es llamada también madre o señora, o más aún Pachamama, con lo que asume también el papel primigenio de generadora de vida. Todos los elementos mencionados dan a la danza del Qamili un carácter ritual y simbólico muy especial dentro del gran universo de las danzas andinas.

La danza del Qamili fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación por el Ministerio de Cultura como consta en la Resolución Ministerial Nro. 224-2011-VMPCIC-MC con fecha del 3 de marzo de 2011.

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